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jueves, 13 de enero de 2011

Desempolvando viejos sermones: Reflexión sobre Jn 8:31-42

Reflexión realizada el miércoles 9 de abril de 2003 (5a. semana de cuaresma ciclo B)


Jn 8:31-42

Bazofia.  En esto se han convertido nuestras interpretaciones de aquellos principios otrora sacros, que al haberse introducido en nuestra predicación antes que darle fuerza la han gastado confinándola al único espacio donde -tristemente ni siquiera hoy-, goza de credibilidad: los púlpitos.

Y es que nuestro afán de apropiación de aquello que no logramos comprender y cuyo sentido teleológico está fuera de nuestra capacidad de análisis, nos ha conducido a la desvirtualización de lo que en principio era “por sí”, y “en sí” explicación y diáfano mensaje.

Cuando Jesús se dirige a los judíos que habían creído en él, no desconoce las limitaciones que en su enmarcamiento mental existen, antes bien, es capaz de discernir sobre su origen.  Sin embargo, las palabras que les dirige gozan de tal profundidad que sorprenden y desconciertan, máxime cuando él mismo es encarnación de este mensaje.

El problema reside en el cómo entender hoy la libertad propuesta por Jesús y la verdad que invita a conocer, no sólo andando en ella, sino haciéndonos ella misma, aunque esto represente contraposición al mundo y sus tendencias.  Esta verdad que nos es dada por Cristo y que es Cristo mismo puede ser vista como la expresión de la voluntad de Dios sobre la humanidad, pero ¿cómo acceder a la Voluntad Divina cuando se participa de la mendacidad de este mundo en que vivimos? ¿Qué claridad sobre la libertad habremos de tener cuando la esclavitud forma parte de nuestra manera de ser y existir?

El desencanto de la humanidad frente a las ideologías gastadas y desgastantes ha cerrado la puerta incluso al mismo discurso cristiano y no porque sea ajeno a las posibilidades humanas, sino porque la manera como ha sido presentado dista en gran medida de la sencillez que Jesús imprimía a sus palabras y el testimonio con el que garantizaba su aplicabilidad, sello de lo cual era su propia persona: “si el Hijo os da la libertad, seréis realmente libres”.

Es pues el clamor emanado de la liturgia de hoy una invitación directa a escuchar las voces y susurros de la humanidad sufriente y el grito de Dios-Verdad en cada acontecimiento y a asumir como los tres jóvenes del libro de Daniel, con fidelidad su voluntad, manteniéndonos en su palabra, que es diferente a toda palabra humana, en tanto que es verdad que conduce a la libertad.

Despertemos de nuestro letargo idiotizante fruto de la concesión de nuestra conciencia a las fuerzas del mal que nos empujan a la guerra, pues no hay forma alguna de ser libres, si no es con la aceptación plena del mensaje de Cristo y la participación en su cruz y resurrección.  Si es el Hijo quien nos da la libertad, seremos realmente libres.

Nelson Fernando Celis Ángel

lunes, 24 de agosto de 2009

PARA RECORDAR...

Revisando viejos archivos encontré este mensaje que circulé via mail hace algunos años; muy poco le cambiaría hoy:

Bogotá, Colombia, febrero 20 de 2006

Hola:

Espero que te encuentres bien, feliz y gozando de la realización de tus sueños.

Habrás notado que pocas veces te escribo, como no sea para transmitirte algo realmente importante. Sabes que no soy amigo de los Foward (reenvíos), ni de enviar chistes o cuentos de mal gusto o mensajes inoficiosos. Siempre te tengo presente y oro constantemente por ti, porque en realidad ERES IMPORTANTE PARA MÍ.

Hoy he querido llegar a tu buzón con éste mensaje, abusando quizá del poco tiempo del que dispones para consultar tu correo, pues soy consciente que ante la problemática de nuestro pueblo no puedo callar; sólo te pido un poco de comprensión y paciencia.

Estamos viviendo un momento en la historia de nuestro país, en el que el adormecimiento y la apatía son característica de un pueblo que se condena a sí mismo a la más profunda desolación. No hay quien clame justicia por los niños maltratados y brutalmente asesinados; cada vez se procura menos el servicio al prójimo y se busca más el beneficio pecuniario propio; respaldadas en falsos estandartes nacionalistas y de “legítima defensa nacional” se cometen violaciones a los Derechos Humanos. Nuestra democracia, es una falacia vestida de harapos procedentes de un totalitarismo que, hiede a desapariciones forzadas, a forajidos ocultos tras un camuflado, a masacres “por error”, a glifosato y a silenciamiento de inocentes que intentaron ser voz, ser grito, ser denuncia.

Ya no tengo miedo, pues por los jóvenes a quienes transmito mis conocimientos, por mi familia, por mi esposa y por mis posibles futuros hijos, a mis 27 años, he decidido no callar más y continuar una sentida campaña, desde mis reflexiones, para procurar una paz en la que todavía creo y defender una tierra, una cultura, muchos sueños e ilusiones que nos pertenecen porque los merecemos, y que algunos tratan de usurparnos.

Las advertencias para que calle, son el motor que me ha impulsado, pues para mí la muerte es un dulce bocado de la gloria que espera a quienes nunca dejaron de luchar por aquello en lo que creyeron, por sus sueños...

Esto no es un mensaje con aliento demagógico, es una obligación como humano, como docente, como creyente, como colombiano.

No debemos rendirnos ni caer en la desesperanza, tú y yo podemos hacer que la paz no sea una causa perdida. Estoy seguro que sabes cómo hacerlo.

De nuevo perdona mi desahogo. Porque te conozco, sé que puedes comprender a un hombre que no quiere dejarse vencer por la realidad, a un filósofo que tras mucho tiempo, ha comprendido por fin cuál es su misión y destino.

Gracias.